NO PUDE HABLAR EN TRES SEMANAS
¿¿¿¿Qué qué??? Casi me desmayo. ¿Cómo que no puedo hablar? Había estado teniendo problemas con mi garganta desde hacía meses. Hablaba y me ponía ronca luego luego. Después comenzó un dolorcito, era incómodo pero soportable, después ya no lo soportaba, era constante y se empeoraba. Comenzó a ser un suplicio ir a cantar y compartir. Hasta que, lo que nunca, tuve que cancelar algunos eventos porque ya me era imposible. ¿Qué tengo? Fui al doctor y me metieron un tubito por la nariz para revisar mis cuerdas vocales. –Señora no tiene ni cáncer, ni pólipos, ni nada grave, gracias a Dios – dijo el doctor. -Lo que si tiene son dos cosas- prosiguió - Un nódulo suave en las cuerdas vocales que con reposo se debe de ir desinflamando hasta que se quite, pero necesita descanso de su voz, no hablar ni susurrar ni mucho menos cantar. De no hacerlo así, su condición empeoraría y ese nódulo se vuelve una callosidad dura y en algunos casos hay que operar. Y tiene ácido estomacal, reflujo. Es decir, el ácido del estómago le está quemando todo el esófago y es por eso que siente el dolor. Así que no puede hablar en varias semanas. Debe cambiar su dieta por completo, elevar su cama para que el ácido no tienda a subir, etc. etc. etc. - Todo estaba muy bien. Pero ¿DEJAR DE HABLAR? Fue lo más difícil que tuve que hacer. No muchas mujeres hablan hasta por los codos como comúnmente se dice, sé que hay algunas (raras) que son más recatadas, tímidas y prudentes. Pero yo no. Digo, yo hablo mucho, me encanta compartir, cantar y ministrar. Tengo el don de continuación cuando se trata de platicar con alguien largo y tendido, y mi voz es mi instrumento de trabajo, de ministerio, es parte de mi personalidad. Así que quitarme la voz era algo que nunca pensé fuera tan difícil.
Comencé muy obediente. Me llevé una computadora pues según yo iba a escribirlo todo así, ya que a mi se me hace más fácil escribir de esta forma. Pero el primer problema al que me enfrenté fue que la gente no veía bien la pantalla y era un problema estar cargando la computadora para todos lados. Me conformé con una libreta y una pluma. Sin embargo me di cuenta que cuando yo terminaba de escribir el comentario o lo que quería decir, ya se había cambiado de tema y mi comentario ni al caso venía. Entonces recurrí a las señas. Con señas y abriendo la boca sin voz era un verdadero esfuerzo. Nadie me entendía, y por más señas que hacía solo se me quedaban viendo y se reían, y como que ni caso me hacían. Desesperada por comunicarme hablaba dos o tres palabras para que me entendieran pero ese esfuerzo empeoraba mi condición, así que me tenía que callar a como diera lugar. Era imposible para mi no decir un chiste, o un comentario exacto para el momento según yo. Así que lo decía pero no estaba cumpliendo con el propósito y la orden del doctor. Así que me callaba frustrada y triste de no poder decir LO QUE TENIA QUE DECIR. En ese tiempo fui a un congreso donde cantó Marcos Witt. Fue terrible no poder cantar. Lloré y lloré de la impotencia de no poder glorificar al Señor con mi voz y con los cantos que conocía y con Marcos Witt. En la iglesia era para mi tristísimo no poder elevar mi voz para cantarle al Señor. Y ahí fue mi máximo trauma. Comprender que Dios tendría un propósito y una enseñanza invaluables y lo primero que aprendí fue a glorificar a Dios en mi corazón. Exaltarle y alabarle con todo mi ser diciéndole por dentro todo lo que sentía, y aunque no cantaba, levantaba mis manos lo más alto que podía para decirle en mi corazón lo mucho que El significaba para mi y cuánto le quería adorar y alabar. Hmm no estaba mal del todo. Mi adoración y alabanza tenían mucho más intensidad y cada palabra para mi era una oración de clamor al Señor. No las podía decir con mi voz pero sí podía cantarlas en mi corazón con toda el alma.
Pronto supe que tenía que escoger bien lo que iba a comunicar. Es decir, tenía que ahorrar palabras para no afectar mi voz. Así que tenía que pensar muy bien si lo que iba a hablar era importante, si tenía realmente que decirlo, si verdaderamente era necesario. Es impresionante ver que no todo lo que hablamos es importante. ¡No sabía cuánto gritaba! Ahora no podía gritar para nada. Así que fue muy hermoso ver que tampoco tenía que hacerlo. Que mi hija no responde por los gritotes que pego. Me funcionó mejor sin gritar, simplemente dando una orden firme y ella entendiendo perfectamente lo que yo quería, lo hacía sin chistar. Eso si fue una bendición para mi esposo y mi hija, no oír mis gritos. Con silencio dirigí mi casa en lo que me corresponde y fue esencial ver lo inútil que a veces son ciertas palabras, gritos o comentarios. ¿Qué no Dios nos juzgará por cada PALABRA VANA que salga de nuestra boca? Esta fue una lección inolvidable para mí. Es imperativo que sepamos que si usamos nuestra boca para hablar cosas vanas la escritura nos advierte de los peligros, y no es algo tan inocente, es esencial que lo sepamos pues SEREMOS JUZGADOS por ello. Mira algunas de estas escrituras: Proverbios 14:23 En toda labor hay fruto; Mas las vanas palabras de los labios empobrecen. Nos dice en Efesios 5:6 que mucha gente será engañada con palabras vanas y qué tal: 2 Pedro 2:18: Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Esta versión me gusta más: “Porque ellos impresionan a la gente diciendo cosas bonitas, que en realidad no sirven para nada. Obligan a otros a participar en sus mismos vicios y malos deseos; engañan a los que con mucho esfuerzo apenas logran alejarse del pecado.” Todo esto CON PALABRAS. Con palabras podemos empobrecer, con palabras podemos ser seducidos, con palabras podemos ser engañados. ¡Cuán importantes son las palabras!
De nuestras bocas salen muchas cosas. Un día podemos bendecir y al segundo siguiente maldecir. No te das cuenta pues es algo natural. Pero cuando tienes que ser consciente de cada palabra que hablas, comienzas a observar la inutilidad de muchas de ellas. De cuánto hieres, de cuánto bendices, de cuánto dices, criticas, juzgas o chismeas. Cuánto extrañé orar en voz alta con mis hermanos y mi familia. Cuánto extrañé dirigir la alabanza. Cuántas ganas tenía de reprender al enemigo a voz en cuello y gritar de emoción cuando algo hermoso sucedía. Pero tenía que refrenarme y me di cuenta que uno SI PUEDE refrenar la lengua. No es que uno no pueda, no quiere. Cuando tienes que hacerlo, creeme, no hay de que se te salió ni mucho menos. Aparentemente en esta situación era algo que yo tenía que hacer en mis propias fuerzas (y sin duda con la ayuda de Dios y toda mi familia que me apoyaba y constantemente me recordaban y decían: ¡NO HABLES!) Pero Dios es suficiente para ayudarnos después de tomar la decisión, a no decir más de lo que tenemos que decir y de decir más las bendiciones de Dios.
Con esta experiencia me acordé de Zacarías. Cuando se quedó mudo por incredulidad. Dice la escritura que Zacarías se comunicaba a señas. Y así me encontraba yo. A señas, con un silbato, chiflando y a veces aplaudiendo. Pero me impresiona que por incredulidad Zacarías permanece mudo un tiempo. Lucas 1:19-22: “Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario. Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. Él les hablaba por señas, y permaneció mudo.” Me encanta que en el versículo 64 se describe en qué forma Zacarías vuelve a hablar y lo primero que hizo fue bendecir a Dios. Creeme, cuando pasas por una experiencia de esas y de pronto lo que no podías hacer lo puedes hacer TIENES QUE BENDECIR A DIOS y más con tu voz. que es un instrumento que El nos dio precisamente para declarar, bendecir, cantar y exaltar a nuestro Dios. Si tomamos en cuenta que El nos bendijo con este gran instrumento, tenemos que entregarlo a El. El es quien toca ese instrumento y lo toca para bien, para que sea usado para El.
Todavía no estoy bien del todo, sigo en tratamiento y sigo esperando mi sanidad completa, pero estoy mucho mejor. Y bendigo a Dios que me dio la oportunidad de aprender muchas cosas durante este tiempo que ha sido muy difícil para mí, pero que sin duda Dios ha usado todo para que ahora comprenda muchas cosas. Qué importante es guardar el balance perfecto. Quizás de esto hablaremos a la próxima. Pero mientras tanto, agradeceré mucho sus oraciones para mi pronta y completa recuperación. Y piensa bien lo que dices, lo que hablas y si es tan necesario el comentario. Te darás cuenta, como yo, que a veces, no es tan necesario ni primordial. Aunque no te tengas que callar por alguna situación como la mía, mi intención al compartir esto es que aprendas de alguien que lo ha pasado, y te invito a meditar en cada una de tus palabras. Piénsalas y verás que quizás la mitad de lo que decimos NO ES TAN NECESARIO.
Bendiciones
Gloria Vázquez



