EVITANDO EL DESCONTENTO
El descontento nos viene cuando menos lo esperamos. Vivimos en un mundo en el que la presión de los demás, la crítica, las evaluaciones de otros y el deseo por tener éxito, lograr más y sobresalir nos hacen vivir en un descontento al no alcanzar aquello que otros nos ponen. Nuestras vidas están llenas de insatisfacción pues nos la pasamos pensando en las metas que no pudimos lograr, en las cosas que no pudimos adquirir, en las desgracias que hemos pasado y otros no y hay un sin número de causas por las cuales nos podemos sentir descontentos.
El día de hoy hablé con un hombre que se había accidentado en su trabajo. Se lastimó mucho físicamente pero tristeza y dolor emocional eran evidentes por las lágrimas que corrían sobre su rostro sin parar. Era un hombre completamente abatido, desanimado, sin valor y sin ganas de seguir viviendo. Se sentía un estorbo. Inútil para sus hijos y también para la esposa que al cabo del tiempo lo dejó porque según ella, él ya no le funcionaba como hombre.
Esto nos hace ver los valores de nuestra sociedad. Una mujer que no tuvo misericordia ni paciencia. Una mujer fría y despiadada que abandona a su esposo a causa de un accidente del que él no tuvo culpa alguna. Dónde quedó aquella promesa que seguramente se juraron en el altar diciendo: “¿en salud y en enfermedad?” En la nada.. –“ya no me sirves, el que sigue…”
Traté de consolar a este hombre. Lloré con él. Fue impresionante ver a un hombre en la desesperación total. Y tenía toda la razón de estar triste y angustiado. Su futuro era incierto, su economía estaba afectada y lo único que seguía repitiendo era: “no sirvo para nada. No le sirvo a nadie.”
Señor Martinez –le dije “su accidente solo fue un evento. No define su vida. Usted todavía tiene un propósito por el cuál vivir. Ese propósito todavía existe. No se deje ir a la desgracia, permita que Dios lo abrace y usted verá que El no lo ha dejado ni lo ha desamparado. Dios tiene la última palabra. No se de por vencido.”
Más o menos esas fueron mis palabras, pero el desánimo de este señor era tal que sentí que todo lo que dije simplemente cayó en tierra árida. Regresé a casa orando por el y por mi esposo, pidiéndole Dios que lo guardara de accidentes en su trabajo.
El descontento es un mal que nos produce alejarnos de Dios y de otros. Nos llega por que experimentamos el pecado y la separación de Dios. Nos llega por egoismo y el deseo insaciable de auto-gratificarnos y satisfacernos personalmente a costa de otros. Nos llega por que no somos agradecidos con lo que si tenemos. Queremos el millón de dólares en el banco que no tenemos cuando no nos gozamos con los tres pesitos que si tenemos.
El contentamiento es un estado de ánimo que debemos aprender. No llega solito, se aprende. Como dijo Pablo: He aprendido a vivir con y a vivir sin.. en abundancia y en escases. Es tan importante que podamos alegrarnos y estar agradecidos por lo que tenemos. Debemos aprender a ver la posibilidad, lo positivo, lo real, en vez de clavarnos con las imposibilidades, ser negativos y ver irrealidades y fantasías vanas que no nos llevan a nada.
Evita a toda costa el descontento, la melancolía, la nostalgia. Estos son sentimientos que nos abaten, nos lastiman, nos dañan, nos hieren, nos atoran. Rehúsa el descontento. Estar contento no significa estar conforme o resignado. Estar contento es estar satisfecho a pesar de nuestra condición. La satisfacción no depende de los eventos externos. El contentamiento viene de dentro y no lo deben mover las circunstancias de la vida.
Si aprendemos a ver las cosas desde el punto de vista de Dios, veremos lo posible, lo que no se ve que es eterno, tendremos fe y restauraremos nuestras fuerzas al saber que ni somos los únicos que pasamos por cosas terribles, pero aprenderemos algo cuando nuestro carácter se haya fortalecido después de haber pasado por ellas.
Si lo único que tengo es saber que Cristo me salvó, que El murió en la cruz por mi y toda mi vida es un desastre, habré entonces encontrado el antídoto al descontento. Si solamente tengo el conocimiento de tener a un Salvador que dio su vida por mi, ese sacrificio costó demasiado para estarme lamentando y no vivir una vida plena y llena de abundancia como El me lo prometió. Debo vivir una vida digna del costo de aquella sangre derramada por mi. No debemos pensar ni tantito que nosotros estamos sufriendo más de lo que El sufrió por nosotros. Aquél que no conoció pecado, por nosotros si hizo pecado.. Eso costó demasiado, así que si solamente tengo ese conocimiento en la vida, entonces debo vivir una vida agradecida ante El, tenga o no tenga, me den o no me den, viva o no viva. Si lo vemos desde esa perspectiva, creo que podrás encontrar más razónes por las cuales debes vivir evitando el descontento y encontrarás además muchas más cosas que apreciar, que tienes y que no todo se perdió y no todo es un fracaso. Todavía existe la oportunidad de levantarte de ese estado de tristeza a un estado de aceptación y de contentamiento.




Gracias Gloria por estar ahi, por tus palabras tanto aqui como en el radio. Tengo poco que se de ustedes y me enconta. Soy una mujer de 45 años casada con 3 hijos. Escuche el programa del martes pasado 15 de abril sobre la autoestima. Mi autoestima es muy baja y tus palablas me hicieron mucho refleccionar. No tengo familia serca y me gustaria poder estar mas en contacto con ustedes.
Comment by Elsa Nevarez — April 16, 2008 @ 11:35 am
Muy interesantes todos los temas, gracias por darnos la oportunidad de parender a vivir mejor.
Comment by Maria Herrera — April 16, 2008 @ 5:59 pm
hola gloria, pues solo pasaba a saludarte, espero que te acuerdes de mi hace muchisimo tiempo cuando era una niña cante contigo en un congreso de jovenes que hubo en la ciudad de merida, en la iglesia gethsemani, soy la sobrina de Orquidea Ramos, espero que te acuerdes
bueno pues Dios te bendiga mucho
adios!!!!!!
Comment by Michelle Ramos — May 21, 2008 @ 1:40 pm
Gloria, solo te dejo un comentario respecto de esta reflexión; pues estoy pasando una temporada realmente dura, y en ocasiones siento descontento con mi rededor; sin embargo tienes razón, solo basta recordar el precio al cual fue adquirida mi vida por mi Señor Jsucristo, para que se me dibuje una sonrisa, y lo mejor, que asuma una actitud de agradecimiento para con mi Padre. Gracias por tus palabras llenas de la sabiduría de Dios; por cierto, también te conocí y toqué contigo en una pequeña iglesia a la cual llegaste a ir en compañía de tu esposo, por el rumbo de la colonia portales, en México, D.F.; y también quiero decir que Zabdiel Lugo, sobrino de tu esposo, Erick, les deja muchos saludos por mi conducto. Reciban muchas bendiciones.
Comment by Pablo Gómez — August 14, 2008 @ 2:34 pm